La ‘conciencia ecológica’, lastre para Monsanto

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La multinacional de cultivos transgénicos acaba de presentar sus resultados trimestrales. Las ganancias reportadas por Monsanto han quedado en un segundo plano tras los últimos acontecimientos que han sumido a la compañía en una crisis de reputación. América Latina, Estados Unidos y Europa han comenzado a prohibir sus productos al demostrar que son perjudiciales para todos los seres vivos.

La bajada del precio de las cosechas en Estados Unidos y América Latina, los principales mercados de Monsanto, ha obligado a la compañía de cultivos transgénicos a anunciar sus planes de reducir los gastos operativos en 300 y 500 millones de dólares a finales de 2017. Además, la empresa se ha visto obligada a ratificar las previsiones de sus ganancias por acción para el ejercicio correspondiente al año fiscal 2015, al nivel más bajo del rango, entre 5,75 y 6 dólares por título.

Estos resultados, aunque no han sido los esperados por la compañía, han sido aplaudidos por agricultores y organizaciones medioambientales, que llevan años luchando contra los cultivos transgénicos que promueve la compañía.

El herbicida ‘estrella’

Uno de los productos más famosos de Monsanto es su herbicida Roundup. La compañía comercializa este producto desde 1970, Sin embargo, hace unos meses, el glifosato, su principal activo, fue calificado por el Centro internacional francés de investigación sobre el cáncer como cancerígeno, probablemente para el hombre además de para las plantas y los animales.

Pese a estas investigaciones, que llevan varios años en curso, Monsanto continúa produciendo herbicidas y semillas genéticamente modificadas. Por este motivo, ha generado polémicas en todo el mundo por denuncias de impacto ambiental, perjuicios a la salud y por los efectos aún desconocidos de los transgénicos.

La ministra francesa de Ecología, Segolene Royal, ha anunciado recientemente la prohibición de la venta libre de este herbicida en Francia. Lo mismo ha hecho Argentina, concretamente la región agricultora de Lago Puelo, donde se ha prohibido tajantemente la utilización de este compuesto, sobre todo desde que la agencia de investigación sobre el Cáncer del país confirmara que hay evidencias de que el Glifosato produce esta enfermedad en seres humanos y animales.

España, el paraíso europeo del transgénico

Otro de los principales focos de polémica que tiene abiertos la compañía es el de los cultivos transgénicos. Sus cultivos de maíz transgénico que ya fueron prohibidos, como ha ocurrido con el Roundup, en parte de Latinoamérica y Estados Unidos, ha perdido la batalla en gran parte de Europa.

Monsanto se ha visto obligado a retirarse del continente y a dejar de vender sus productos en casi toda la región, con la excepción de España y Portugal. La empresa agrícola estadounidense anunció esta medida a principios de febrero, casi un mes después de que la Unión Europea anunciara que no alcanzaron ningún acuerdo sobre una política común sobre Organismos Modificados genéticamente (OMG).

Básicamente, el 13 de enero de este año, el Parlamento Europeo aprobó la reforma de la directiva comunitaria sobre la directiva de transgénicos que da vía libre a cada uno de los estados miembros para que decidan si prohibe los transgénicos o no en su territorio.

Según un estudio de la ONG Ecologistas en Acción los transgénicos pueden suponer riesgos para la salud humana como el aumento de la toxicidad, de alergias, propagación a la resistencia de los antibióticos, creación de nuevas enfermedades o el aumento de residuos tóxicos contaminantes en los alimentos.

Sin embargo, en Europa la producción transgénica tampoco es tan abundante como en otros continentes. De hecho, tan sólo el 1% de todo el maíz que se cultiva es transgénico y países como Alemania, Francia, Grecia, Italia, Polonia, Luxemburgo, Bulgaria, Suiza, Austria, Irlanda y Hungría se han declarado “zonas libres de .

Pese a que todos estos países han dado marcha atrás en este tipo de cultivos, Monsanto se queda y espera expandir su productividad en España. Actualmente, el 90% del maíz transgénico que se produce en Europa se cultiva en los campos españoles, principalmente en el Valle del Ebro, Extremadura y Andalucía. Así pues, en 2014, en España se cultivaron 131.500 hectáreas de maíz MON8100 de la propiedad de Monsanto, lo que equivale al 31,6% de todo el maíz que se produjo este año.

La industria de la guerra

La realidad apunta a que además de los componentes nocivos que utiliza en sus productos, las prácticas que Monsanto llevó a cabo en sus inicios tampoco ayuda a ‘limpiar’ su imagen y reputación.

Según el documental “La industria de la guerra” realizado por un medio de comunicación latinoamericano, existe una estrecha relación entre la empresa y el Gobierno estadounidense, desde la época de la guerra. Algunos documentos expuestos en este relato audiovisual muestran que el empleado de la compañía Charles Thomas fue parte del proyecto Manhattan, proporcionando conocimientos químicos para la fabricación de la bomba nuclear. Años después, Thomas se convirtió en CEO de Monsanto.

La empresa también estuvo involucrada en la Guerra de Vietanm, cuando conjuntamente con otras empresas desarrolló el ‘agente naranja’, que fue fumigado en las plantaciones de este país. La contaminación diezmó la población en más de 400.000 vietnamitas y ocasionó malformaciones a otros 500.000, perjudicando por lo menos a las tres generaciones siguientes.

Años más tarde, y gracias al apoyo de políticos y de empresas, la trayectoria de Monsanto se vio impulsada hasta convertirse en el gigante que es ahora. Con su debut en Wall Street, la compañía comenzó a tener el apoyo de grandes fortunas y fondos de inversión como Vanguard Group, J.P Morgan, Exxon, Chevron, General Electric o Walmart, entre otros.

Todos estos escándalos y acusaciones han llevado a Monsanto a tomar una iniciativa que está siendo más que discutida. Monsanto y Syngenta, que comparten propietarios, planean ahora fusionarse para implementar una estrategia, tachada por muchos de inmoral. Documentos publicados por Syngenta, en los que se incluye una carta del CEO de Monsanto, Hugh Grant, sugiriendo como parte de una “plan emergente” que Monsanto cambie de nombre para evitar críticas, juicios y pueda seguir ‘manipulando’ a los consumidores: “También vamos a proponer un nuevo nombre para las corporaciones combinadas, que refleje su naturaleza global única”, reza el escrito.

Todo apunta a que esta no es la mejor estrategia que se le podía ocurrir a la compañía, que en 2014 fue la tercera corporación más odiada del planeta, según el ránking elaborado por Harris Poll.

Diana Gutiérrez Pino – 26/06/2015