Nuestro erróneo principio educativo, o el Humanismo y el Realismo

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Max Stirner (1842)

Debido a que nuestra época pugna por encontrar el término que defina su espíritu, muchos nombres son propuestos, todos con la pretensión de ser el adecuado. En todas partes actualmente nos encontramos con el variopinto y confuso tumulto de los partidos y las aves de rapiña del momento rondan alrededor de la herencia decadente del pasado. Esparcidos por todas partes en gran abundancia están los cadáveres políticos, sociales, eclesiásticos, científicos, artísticos, morales y demás, pero hasta que no se hayan consumido totalmente, el aire no estará limpio y la respiración de los seres vivos será opresiva.

 

Sin nuestra intervención nuestra época no llegará a deducir la palabra adecuada, y en esta labor todos debemos colaborar. Sin embargo, si tanto nos afecta, nos preguntaremos con razón qué es lo que ha hecho y qué es lo que piensa hacer la educación de nosotros. Nos preguntaremos por la educación a través de la cual se pretende capacitarnos para que lleguemos a ser los creadores de aquella palabra. ¿Es conscientemente cultivada a través de la educación nuestra predisposición a ser creadores, o somos simplemente adiestrados como criaturas cuya naturaleza a sólo eso alcanza? Esta pregunta es tan importante como solo las preguntas sociales pueden ser, de hecho, es más importante porque esas preguntas se construyen sobre aquella última. Sea eficiente y usted tendrá alrededor eficiencia: sea “cada uno de vosotros perfecto en sí mismo” y entonces su sociedad, su vida social, también será perfecta. Por eso nos preocuparemos sobretodo de lo que hacen con nosotros en nuestra época de mayor facilidad para el aprendizaje; de ahí que la pregunta de la educación y la escuela sea la pregunta vital. Puede ahora ser visto con claridad, en tanto en este debate ya se lleva luchando por años con un ardor y una franqueza que sobrepasa de lejos el del reino de la política, porque no se las tiene que ver con las obstrucciones del arbitrario poder autoritario. Un venerable veterano, el Profesor Theodor Heinsius [1], que como el difunto Profesor Krug [2] ha conservado hasta la ancianidad el vigor y la capacidad de hacerse oir, busca ahora y nuevamente suscitar el interés con un breve escrito sobre el tema. El texto lo ha titulado “Konkordat zwischen Schule und Leben oder Vermittlung des Humanismus und Realismus, aus nationalem Standpunkte betrachtet. Berlin 1842” [3]. Dos partidos luchan por la victoria, y desea cada uno presentar su principio educativo como el mejor y más adecuado para nuestras necesidades: el Humanista y el Materialista. Preocupado por no molestar ni a uno ni a otro, Heinsius, en su pequeña obra habla con una suavidad y un espíritu de conciliación que cree mostrar lo justo de ambos principios, cometiendo en realidad la mayor injusticia, al ser imperativo tratar con cortante resolución el problema educativo. Ese insulto contra el espíritu del debate permanece como el inherente legado de todos los cobardes mediadores. Los “Concordatos” no son más que recursos mediocres:

Solamente sincero como un hombre: ¡a favor o en contra!
Y el lema: ¡esclavo o libre!
Incluso los dioses descendieron del Olimpo,
Y lucharon en la batalla del aliado.

Antes de llegar a sus propias propuestas, Heinsius elabora un breve bosquejo del curso de la historia desde la Reforma [4]. El período entre la Reforma y la Revolución [5] Prescindiendo de cualquier consideración que pudiera legitimar su superioridad, – lo afirmaré aquí sin extenderme puesto que me propongo demostrarlo, entrando en mayor detalle, más adelante – se caracteriza por la relación que existe entre los adultos y los menores de edad, entre el amo y los súbditos, el poderoso y el impotente, en resumen, es el período del sometimiento.la educación [6] se erigió como facultad de quien detentaba el poder sobre los débiles y desposeídos, convirtiéndose el sabio, fuera grande o mediocre, en el poderoso, el fuerte y el que se impone: se convirtió en una autoridad. No todos tenían derecho a este poder y esta autoridad, y por ello tampoco la educación era universal, pues una educación para todos es incoherente con aquel privilegio. La educación genera superioridad y lo convierte a uno en Señor: por lo que, en esa época de Señores constituía un instrumento de poder, de dominación. Solo la Revolución rompió la economía esclavista y un axioma prosperó: “cada uno es su propio amo”. La consecuencia inmediata de esto es la conclusión necesaria de que la educación, que produce de hecho al Señor, debe en adelante convertirse universal y es entonces cuando se presentó la tarea de encontrar la educación realmente universal. El impulso hacia una educación universal accesible a cada todos y cada uno para avanzar tuvo que luchar contra la educación exclusiva obstinadamente mantenida, y en este área también la Revolución tuvo que sostener la espada contra los Señores del período de la Reforma. La idea de la educación universal chocó con la idea de la educación exclusiva, y los movimientos de distensión y de lucha con etapas y bajo denominaciones diversas prosiguen en el presente. Para los contendientes enfrentados en campos enemigos, Hensius elige los nombres de Humanismo y Realismo, y aunque sean poco acertados, los conservaremos pues son los más comúnmente usados.

Hasta el siglo XVIII, momento en el que se inician las Luces de la Ilustración, la considerada educación superior permanecía sin duda en manos de los Humanistas, y se ocupó casi en exclusiva en comprender las antiguas obras clásicas y reflexionar [7] sobre ellas. También otra educación fue adelante en el mismo tiempo, que además buscó su ejemplo en la Antigüedad y basada principalmente en un estudio y conocimiento minucioso y considerable de la Biblia. Que en ambos casos seleccionaran la mejor educación del mundo de la Antigüedad como material de estudio, prueba suficientemente cuán poco de dignidad nuestra propia vida contemporanea ofrecía, y cómo seguíamos distantes de poder crear las formas de la Belleza sacadas de nuestra propia originalidad y del contenido de la verdad salido de nuestra propia razón. Primero tuvimos que aprender forma y contenido; éramos aprendices. Y así como el mundo de la Antigüedad a través de las obras clásicas y de las reglas de la Biblia dominaba sobre nosotros como un Señor, era también – lo que puede ser probado históricamente – el Señorío y la Servidumbre realmente la esencia de toda nuestra actividad, y solamente por esta característica de la época llega a ser claro por qué aspiran tan abiertamente hacia una “educación más alta” y por qué están tan atentos a distinguirse, porque eso significa situarse por encima del pueblo común. La educación hace de su poseedor un Señor situado sobre los individuos incultos. Una educación popular entraba en conflicto con esto, pues el pueblo llano debía permanecer, frente al Señor culto, en la ignorancia, admirando y venerando con asombro el esplendoroso señorío ajeno. Fue así como el saber evolucionó, sobre la base del latín y el griego, al Romanismo, resultando sinónimo de erudición. Además, era inevitable que cayera esta institución en la educación formal, en tanto la Antiguedad, largo tiempo muerta y enterrada, solamente conservaba las formas, los esquemas de la literatura y el arte fueron preservados, sobre todo porque permitirá adquirir y afirmar sobre el pueblo la dominación simplemente a través de la educación formal; requiere solamente cierto grado de agilidad intelectual ganar superioridad sobre la gente menos ágil. La considerada educación superior era por lo tanto elegante educación, elegantiae de los omnis de un sensus, una educación del gusto y el sentido de las formas que finalmente amenazaron hundirse totalmente en una oscura educación gramatical y adornaron la lengua alemana con el olor del Latium tanto que incluso uno tiene hoy oportunidad de admirar las estructuras de las oraciones latinas más hermosas, por ejemplo, del recientemente publicado “Geschichte des brandenburgisch-preussischen Staates. Ein Buch für Jedermann” [8] de Zimmermann.

Mientras tanto, y de manera gradual, la Ilustración generó un espíritu de oposición contra este formalismo y la reivindicación de una educación verdaderamente humana se alió con el deseo de reconocimiento de los derechos universales y propios del hombre. La manera plausible en la que los Humanistas habían procedido hasta ese momento arrojó luces sobre la carencia de una instrucción sólida, con consecuencias sobre la vida, planteando así la demanda de una educación que resultara práctica. Así, en adelante, todo conocimiento será vital, será conocimiento vivido; para la realidad solamente en el conocimiento está su perfección. Si traer las materias de la vida a la educación tubiera éxito, ofreciendo de tal modo algo útil a cada uno, y por esa mismo razón ganar a cada uno en esta preparación para la vida y dirigirlos hacia la escuela, después uno no envidiaría al docto caballero por su singular dominio del conocimiento y la gente abandonaría su laicidad educativa. Dejar atrás [9] la casta sacerdotal de los eruditos y la ignorancia [10] del pueblo es la finalidad del Realismo y por lo tanto debe sobrepasar al Humanismo. La apropiación de las formas clásicas de la Antigüedad comenzó a desaparecer y con ello el soberano-autoridad perdió su aura. El tiempo luchó contra el tradicional respeto hacia la institución erudita, como se rebela generalmente contra cualquier respeto o veneración. La ventaja esencial de los eruditos, la educación general, resultó beneficiosa para todos. Sin embargo, uno se pregunta, ¿qué es la educación general aparte de la capacidad, por decirlo de manera superficial, “de ser capaz de hablar de todo,” o expresado más seriamente, de tratar cualquier materia? Se veía a la escuela retrasada con respecto a la vida, en tanto que no sólo se pribó de ella al pueblo sino que incluso se descuidó la educación general de sus estudiantes en favor de la educación específica, y no pudo impulsar el dominio en la escuela de materias mucho más imperiosas de la vida. La escuela, se pensaba, tiene que dirigir nuestra conciliación con todo lo que nos ofrece la vida y cuidar de que ninguna de las cosas a las cuales debemos una cierta preocupación futura, nos sea completamente extraña, resultando inalcanzable a nuestro esfuerzo por dominarlas. Por lo tanto la familiaridad con las cosas y las situaciones del presente fue buscada con la mayor premura posible y una pedagogía fue adoptada en tanto que cubrió la demanda de todos, porque satisfizo la necesidad común a todos de encontrarse en su mundo y época. Los principios elementales de los derechos humanos de esta manera ganaron vida y realidad en esferas educativas: igualdad, porque esa educación abarcó a todos, y libertad, porque cada uno llegó a ser entendido con su necesidades y por lo tanto independiente y autónomo.

Sin embargo conducen ambos principios, tanto aferrarse al pasado, que es lo que enseña el humanismo, como hacerlo al presente, que es el fin del realismo, solamente al poder sobre lo transitorio. Solamente el espíritu que se comprende a sí mismo es eterno. Por lo tanto, la igualdad y la libertad recibieron únicamente un trato secundario y subordinado. Uno podía de hecho ser igual a otros y emancipado de su autoridad; pero de la igualdad consigo mismo, de la igualación y de la reconciliación de nuestro hombre transitorio y eterno, de la transfiguration de nuestro naturalidad a la espiritualidad, en fin, de la unidad y de la energía suprema de nuestro ego, que es autosuficiente puesto que no deja nada del exterior a sí mismo existir: apenas ninguna sentencia sobre ella podía ser reconocida en ese principio. Y aunque la libertad apareció de hecho como la independencia de las autoridades, sin embargo, careció de la autodeterminación y todavía no produjo ninguno de los actos de un hombre que es libre-en-sí mismo, auto-revelado como un hombre inconsiderado [11], es decir, de una de esas mentes libres del fluctuar de la contemplación reflexiva. El hombre formalmente educado no podía más ciertamente sobresalir por encima del espejo del océano de la educación universal, y se transformó de un “hombre de educación superior” en un “hombre de educación especializada” (como tal él naturalmente mantiene su valor indisputado, puesto que toda la educación universal está destinada a irradiar la aleatoriedad más variada en la educación especializada); pero el hombre educado en el sentido del Realismo no sobrepasó la igualdad con otros y la libertad de otros, ni en un caso ni e en otro había alcanzado al hombre práctico [12]. Seguramente la elegancia vacía del humanista, del Dandy, no podía ayudar sino declinar; pero el vencedor reluce con el cardenillo de la materialidad y no es nada más que un materialista insípido [13]. Dandismo y materialismo pugnan por el premio de los estimados muchachos y muchachas y a menudo seductivamente intercambian la armadura en que el Dandy aparece en burdo cinismo y el materialista aparece en lino blanco. Pero es seguro, la madera viva de los grupos materialistas romperá a las ramas secas del Dandismo; pero vivo o muerto, la madera sigue siendo de madera, y si deseamos la llama del espíritu hacer arder, la madera debe ir al fuego.

¿Por qué debe, mientras tanto, el realismo si (y no le negamos tal capacidad) asimila los buenos aspectos del humanismo, no obstante perecer?

Seguramente puede asimilar lo inajenable y cierto del humanismo, de la educación formal, y esta asimilación se hace siempre más fácil mediante el método científico actual y mediante el tratamiento sensato de todos los objetos de enseñanza (llamo la atención a manera de ejemplo la labor de Becker [14] en la Gramática Alemana) y puede mediante este refinamiento desplazar a su adversario de su posición de fuerza. Del realismo así como también del humanismo procede la idea de que el fin de la educación es producir versatilidad para el hombre y de ambos es acordado, por ejemplo, que hay que acostumbrarse a cada variación de la expresión idiomática, y que requiere en las matemáticas la precisión de la demostración, etc., para que uno tenga que pugnar hacia la maestría en manejar la materia, hacia su dominio: así seguramente no fracasará aunque el realismo reconocerá finalmente la formación del gusto como la meta final y pondrá el acto de formar en el lugar primero, como es ya hoy parcialmente el caso. En la educación, todo el material dado tiene su valor único en algo tan lejano como el que los niños aprendan a hacer algo con ello, para usarlo. Seguramente solo lo práctico y lo útil deber acentuarse, como los realistas desean; pero el beneficio se debe realmente buscar en la formarción, en la generalización, en la presentación, y uno no será capaz de rechazar esta humanista demanda. Los humanistas tienen razón en que depende sobre todo de la educación formal – pero yerran en que ellos no encuentran esto en el dominio de cada tema; los realistas exigen que cada tema comience en la escuela, pero se equivocadan en sus exigencias también cuando ellos no quieren ver la educación formal como la meta principal. Si asume la personalidad correcta – la abnegación y no hace de sí mismo ante la tentación materialista, el realismo puede llegar a salir victorioso sobre su adversario y a la vez venir a una conciliación con él. ¿Por qué seguimos no obstante hoy acosándonos?

¿Arroja entonces realmente la envoltura del viejo principio y consigue permanecer a la altura de los tiempos? En con respecto a esto que debe juzgarse, si admite la idea que la época ha conquistado como su más alto valor o si pasa a ocupar una posición estancada y secundaria. Qué tan indeleble es el temor que ocasiona a los realistas para encogerse en el horror a las abstracciones y las especulaciones, que no puede dejar de sorprender y por lo que colocaré a continuación aquí algunos extractos de textos selecctos de Heinsius, quien no rinde nada a los indecisos realistas sobre este punto y me ahorra las acotaciones de ellos que serían innecesarias de citar. Sobre la página 9 dice:

En las instituciones más altas del aprendizaje uno oye sobre sistemas filosóficos de los Griegos, de Aristóteles y Platón, también, sin ninguna duda, de los modernos, de Kant, quien ha puesto lejos las ideas de Dios, libertad, inmortalidad, como improbables; de Fichte, quien ha colocado orden mundial moral en el lugar del personal Dios; de Schelling, Hegel, Herbart, Krause, y tantos otros que pueden llamarse exploradores y heraldos de sapiencia sobrenatural. ¿Qué dicen ellos debemos colocar nosotros, debe la nación alemana [15] prepararse a hacer con entusiasmo idealista que no pertenece ni a las ciencias empíricas y positivas ni a la vida práctica y que no beneficían al Estado, que con una percepción obscura que solo confunde el espíritu de la época, conduce al escepticismo y al ateísmo, divide las mentes, persigue a los estudiantes hasta lejos de las sillas eruditas de los apóstoles, e incluso obscurece nuestra lengua nacional en tanto que transforma las concepciones más claras de sentido común en enigmas místicos? ¿Es la educación que debe recibir nuestra mocedad para ser la gente buena moral, pensante, seres razonables, ciudadanos virtuosos, los trabajadores útiles y capaces en sus profesiones, amantes cónyuges y padres prudentes para el establecimiento del bienestar doméstico?

Y sobre la página 45:

Demos una mirada a la filosofía y la teología, que, como las ciencias del pensamiento y la fe se ponen en el lugar primero para el bienestar del mundo; ¿qué han llegado a ser merced a su enfrentamiento desde que Leibniz y Lutero iniciaran sus trayectorias? El dualismo, materialismo, idealismo, supernaturalismo, racionalismo, misticismo, y cualquier todos los abtruso-ismo dentro los sentimientos y especulaciones exageradas pueden considerarse: ¿qué tipo de regalos ha traído al Estado, la iglesia, las artes, la cultura nacional? El pensamiento y el conocimiento se han expandido, es cierto, en sus esferas; sin embargo, ¿ha llegar el primero a ser más claro y el posterior más seguro? ¿La religión, como un dogma, es más pura, pero la creencia subjetiva es más confusa, debilitada, sin defensores, sacudida por el criticismo y la interpretación, o transformada en el fanatismo y aspecto hipócrita de santidad, ¿y la iglesia? oh, su vida es el cisma o la muerte. ¿No lo es tanto? ¿Por qué razón entonces se muestran los realistas tan hostiles hacia la filosofía? ¡Porque ellos entienden mal su propia tendencia y con todas sus fuerzas quieren permanecer restringidos en vez de llegar a ser sin restricción! ¿Por qué odian ellos las abstracciones? ¡Porque ellos mismos son abstractos desde el momento en que abstraen la perfección de sí mismos, la elevación a la verdad redentora!

¿Queremos poner la pedagogía en las manos de los filósofos? ¡Ni mucho menos! Se comportarían torpes e insuficientes. Se encomendará solo a esos que son más que los filósofos, quienes a ese respecto se igualan infinitamente más que los humanistas o realistas. Estos últimos se huelen el fracaso de la filosofía, pero no sospechan que la resurrección seguirá a su declinación: ellos se abstraen de la filosofía a fin de alcanzar su cielo lleno del propósito sin ella, se la saltan, y caen en el abismo de su propio vacío; ellos son, como el Judío eterno, inmortales, pero no eternos.

Solo los filósofos pueden morir y encontrar en la muerte su personalidad verdadera; con ellos el período de la Reforma, la era de Conocimiento, muere. Sí, ese conocimiento en sí mismo debe morir a fin de rebrotar más adelante nuevamente en la muerte como voluntad; la libertad de pensamiento, creencia, y conciencia, estas flores maravillosas de tres siglos se hundirán en el regazo de la tierra madre para que una nueva libertad, la libertad de la voluntad, se nutra con sus jugos más nobles. El conocimiento y su libertad eran el ideal de esa época que finalmente ha escalado sobre las alturas de la filosofía: aquí el héroe se construirá una pira y rescatará su parte eterna en el Monte Olimpo. Con la filosofía, llega a su fin nuestro pasado y los filósofos son los Raphaeles de la era del pensamiento con que el viejo principio se perfecciona en un lucimiento nítido multicolor y que mediante rejuvenecimiento cambia de lo transitorio a lo eterno. De aquí en adelante, quienquiera quiera ser guardián del conocimiento lo perderá; él, sin embargo, quien desista, lo ganará. Unicamente los filósofos están llamados a esta renuncia y a esta conquista: permanecen en frente del incendio llameante y, como el héroe agonizante, deben quemar su cuerpo terrenal si el espíritu inmortal ha de ser libre.

En lo posible debe hablarse de la manera más inteligible y constatable. Y desde luego actualmente permanece el siempre recurrente error de nuestros días: el conocimiento no es llevado a su culminación y claridad, permanece como un saber material y formal, una cosa positiva, sin ascender al conocimiento absoluto, que nos retrasa como una carga. Lo mismo que para los Antiguos, hay que desear el olvido, debemos beber del Lethe embriagador: de otra manera uno no llega a sus sentidos. Todo grande debe saber como morir y transfigurarse mediante su muerte; solo el miserable acumula, como el funcionario de la caduca corte suprema imperial, y apila documentos sobre documentos, representandose por milenios como en la porcelana delicadas figuras, como la pueril e inmortal del chino. El conocimiento apropiado llega a su culmen cuando deja de ser conocimiento y pasa a ser uno más de los simples impulsos humanos, la voluntad. Así, por ejemplo, quien ha deliberado desde hace muchos años sobre su “llamada a ser humano,” hundirá con las preocupaciones y el devenir de buscar, en un momento, en el Lethe, de un sentimiento simple, de un impulso que desde ese momento gradualmente lo conduce. La “vocación de hombre” que él buscó siguiendo uno y mil caminos y explorando vías de investigación, tan pronto como se ha reconocido, se lanza en la llama de la voluntad ética e inflama el interior de la persona que ha dejado de estar distraido como buscador, pero ha vuelto a ser nuevamente joven y natural.

Arriba, alumno, sumerje incansable,

tu seno material en el rojo del amanecer. [16]

Es el final y a la vez la inmortalidad y eternidad del conocimiento, que ha llegado a ser una vez más simple y directo, se vuelve a establecer y da a conocer, el saber, con una nueva forma, manifestándose en todas nuestras acciones. La voluntad no es fundamentalmente derecho, como los prácticos gustarían mucho de asegurarnos; uno no puede pasar sobre el deseo del conocimiento a fin de asegurar inmediatamente la voluntad, sino que el conocimiento se perfecciona a sí mismo como voluntad cuando se desensualiza y se crea a sí mismo como un espíritu “que construye su propio cuerpo”, por ello no se sujetan a ninguna educación que termine en esta muerte y esta ascensión del conocimiento al cielo los que adolecen de la fragilidad de esta vida, de la temporalidad [17], formalidad y materialidad del dandismo y el industrialismo. Un conocimiento que no se refine y concentre a sí mismo para ser llevado por la voluntad, o, en otras palabras, un conocimiento que cargue solo como el tener y la posesión, en vez de haber ido simplemente consigo mismo para que el libre movimiento del Ego no sea molestado por ninguna posesión lastrante, pasando ante el mundo como un espíritu libre, tal conocimiento entonces, que no ha llegado a ser personal, proporciona una preparación pobre para la vida. Uno no quiere dejar venir a la abstracción aun cuando es la consagración primera y cierta de todo el conocimiento concreto: mediante ella, la materia realmente se mata y transforma en el espíritu; sin embargo, llega a la real y última liberación. Solo en la abstracción está libertad: el hombre libre es quien ha ganado sobre lo concedido y ha reunido nuevamente en la unidad de su Ego lo que le había sido innoblemente arrebatado de sí mismo.

Si el impulso de nuestra época [18], tras la libertad de pensamiento conquistada, es perseguir esa perfección mediante los cambios en el Derecho sobre la libertad de la voluntad a fin de observar la última como el principio de una nueva era, entonces la meta final de la educación puede no ser más el conocimiento, pero la voluntad nace fuera del conocimiento, y la expresión hablada a la que tiene que aspirar es: el hombre personal o libre. La verdad en sí misma no consiste en nada a excepción de la revelación de hombre de sí mismo, y a ello pertenece el descubrimiento de sí mismo, la liberación de todo lo que es ajeno, la abstracción radical o liberada de toda la autoridad, la reconquistada naturalidad. Los tales hombres auténticos no son abastecidos por la escuela; si existen no obstante, es a pesar de la escuela. Esta desde luego nos hace dueños de las cosas a lo más, también, dueños de nuestra naturaleza; no nos hace naturalezas libres. Ningún conocimiento, aunque sea completo y extensivo, ninguna agudez y perpicacia, ninguna dialéctica sofisticación, nos salvará de lo habitual del pensamiento y la voluntad. No es verdaderamente mérito de la escuela que nosotros no nos volvamos como ella egoístas. Cada tipo de orgullo y cada viento de codicia, impaciencia por el trabajo, oficiosidad mecánica y servil, la hipocresía [19], etc., es el límite como mucho del conocimiento extendido en la refinada educación clásica, y si toda esta instrucción entera no ejerce ninguna influencia de cualquier ralea sobre nuestro comportamiento ético, se debe frecuentemente a la suerte de haber caido en saco roto en tanto en cuanto es impracticado: uno sacude fuera el polvo de la escuela. Y todo esto porque la educación se desarrolla únicamente en sus aspectos formales o materiales, a lo más, en ambos; no en la verdad, en la educación del hombre auténtico. Los Realistas desde luego suponen un progreso cuando claman que el estudiante debería descubrir y comprender aquello que aprende: Diesterweg [20], por ejemplo, sabe cómo hablar largamente como de un gran negocio del “Principio de la Experiencia”; según el cual el objeto del conocimiento no es la verdad, sino algún tipo de cosa positiva [21] (como la religión debe también ser considerada), a la que el estudiante se conduce para traerla a su conocimiento y coherencia, sumándose a su anterior conocimiento positivo; sin superar no obstante el estado de la cruda experiencia y la tosca contemplación, y no tiene incentivo para trabajar con la mente que ha ganado por la contemplación y producir, que es ser especulativo, lo que desde un punto de vista práctico implica como mucho serlo con respecto al ser moral y comportarse moralmente. Por el contrario, quiere educar gente racional, que debe ser suficiente; no está realmente destinada a producir gente racional [22]; a comprender las cosas y las condiciones; allí las materias de estudio se terminan, comprenderse uno mismo no parece ser comportamiento de su interés. Así, se promociona el sentido de lo positivo bien sea según su lado formal o a la vez según su lado material, y enseña: reconciliate con lo positivo. En la pedagogía como en cualquier otra disciplina, la libertad de esferas no es permitida que llegue, no se permite que el poder de la oposición ponga una palabra en juego: ellos quieren subordinación. Unicamente un entrenamiento formal y material está siendo apuntalado y erúditos solo llegan de las filas de los Humanistas, únicamente “ciudadanos útiles” salen de las de los Realistas, en ambos casos desde luego nada más que gente subordinada. Nuestras sanamente naturales raíces de resistencia son suprimidas radicalmente y con ellas, el desarrollo del conocimiento en el libre albedrío. El resultado de la vida escolar no es entonces sino el filisteismo. Así como nos desarrollamos absorviendo todo con lo que nos enfrentamos durante nuestra niñez, así también nos descubrimos y conducimos en posteriores años hacia la vida positiva, hacia la época, renunciando a nosotros mismos las más de las veces, para llegar a ser siervos y llamados buenos ciudadanos. ¿Dónde entonces se fortale el espíritu de oposición en lugar del de servidumbre que se cultiva hasta ahora, dónde la persona creativa en vez de un estudiante, dónde el profesor se convierte en colaborador, dónde se reconoce el conocimiento como voluntad, dónde se convierte el hombre libre en meta y no la mera educación? Desafortunadamente, solo en pocos lugares aún. El conocimiento debe llegar a ser más universal, la tarea principal de la humanidad, no educar y civilizar, sino llegar a la personalidad autorealizada. ¿Se descuidará la educación por esa razón? No, así como tampoco nos disponemos a sufrir pérdida de libertad de pensamiento mientras lo convertimos en libre voluntad. Si el hombre se funda en confiar en sí mismo, conocerse y aplicarse a sí mismo, en afirmar su personalidad y libertad, entonces se afana en librarse de la ignorancia que hace del objeto impenetrable y extraño una barrera y rémora a su autoconocimiento. Si uno despierta en los hombres la idea de libertad entonces los hombres libres irán incensantemente a liberarse a sí mismos; si, por el contrario, únicamente se los educa, entonces ellos mismos se acomodarán en todo momento de la manera más sofisticadamente educada y elegantemente cultivada a las circunstancias, degenerando en serviles y contraidas almas. ¿Qué son nuestros más talentosos y educados en su mayoría? Ridículos propietarios de sonrientes esclavos, cuando no ellos mismos esclavos.

Los Realistas pueden alardear en su favor de no educar simplemente eruditos, sino ciudadanos racionales y útiles: desde luego, su principio básico: “enseñar todo en relación a la vida práctica,” podría igualmente ser válido como el lema de nuestra época si no interpretaran únicamente la práctica en un cierto sentido vulgar. La verdadera práctica no es la de hacerse un camino para andar la vida, y el conocimiento vale más que su uso como medio por el que asegurase metas prácticas. Además, la práctica más alta es aquella en la que un hombre libre se da a conocer sí mismo, y el conocimiento asumido de su muerte es la libertad que iguala a la vida. “¡La vida práctica!” Con eso uno piensa haber dicho una gran empresa, y, sin embargo, también los animales llevan una vida completamente práctica y tan pronto como la madre termina teóricamente el período de destete, o buscan su alimento en el campo y bosque por sí mismos o son enjaezados con un yugo para el servicio. Scheitlin [23] con su ciencia del alma animal llevaría la comparación mucho más allá, hasta la religión, como queda claro en su “Thierseelenkunde” [24], un libro que es muy instructivo al simplemente porque sitúa al animal muy cerca del hombre civilizado y al hombre civilizado muy cerca del animal. Esa intención de “educar para la vida práctica”, únicamente produce gente de principios que actúa y piensa según máximas, pero ningún hombre con principios; mentes legales, no libres. Una cosa muy diferente es la gente cuya totalidad de pensamiento y acción se balancea en el movimiento continuo, rejuveneciendo y otra cosa es la gente que es fiel a sus convicciones: las convicciones en sí mismas permanecen inconmovibles, no laten continuamente, renuevan la sangre arterial mediante el corazón, pero congelan, como si fueran cuerpos sólidos y aún cuando simplemente ganadas y no asentadas en la cabeza, son seguramente algo positivo y lo qué es más, cuentan como algo sagrado. Una educación realista, por lo tanto, bien puede producir individuos fuertes, diligentes y saludables, hombres inconmovibles, corazones leales; y desde luego que es una ganancia inapreciable para nuestro género; pero los caracteres eternos, esos cuya constancia únicamente consiste en el incesante flujo de la creación de su personalidad a cada momento – y que son por lo tanto eternos porque se forman a sí mismos constantemente, porque colocan los temporales intereses de su aspecto real y la actividad creativa de su espíritu, sin marchitarse o envejecer, en lo eterno, manteniendo la frescura; esos no resultan de esa educación. El llamado carácter sano es parejo en el mejor ejemplo, es únicamente uno rígido. Si pretente la perfección entonces debe llegar a ser a la vez su sufrimiento, temblando y temblando en la pasión bendecida de un incesante rejuvenecimiento y renacimiento.

Así los radios de toda la educación discurren juntos hacia un centro, llamado la personalidad. El conocimiento, tan erudito y profundo o tan amplio e inteligible como pueda ser, permanece aun solo como posesión y pertenencia anhelada, hasta que no se haya desvanecido el punto invisible del ego y desde él eclosionar poderosamente como deseo, como espíritu supersensual e incomprensible. El conocimiento experimenta esta transformación cuando cesa de aferrarse a los objetos, cuando ha llegado a ser conocimiento de sí mismo o, en el caso de que esto parece más claro: cuando llega a ser conocimiento de la idea, una personalidad autoconsciente de su mente. Entonces se vuelve, por decirlo así, en el impulso, en el instinto de la mente, en un conocimiento del subconsciente que todos pueden imaginar por lo menos comparándolo con cuantas experiencias comprensivas de su personalidad propia parta llegar a ser sublimado en el sentimiento simple llamado tacto: todo conocimiento difuso que se retira de esas experiencias se concentra en el conocimiento inmediato por medio del cual son determinadas las acciones en un instante. El conocimiento, así, debe penetrar hacia esta inmaterialidad mientras sacrifica sus partes mortales, convirtiendose en la voluntad inmortal.

La dificultad de nuestra educación se encuentra, en su mayoría, en el hecho de que ese conocimiento no se refina a sí mismo, no se aplica a sí mismo, a la práctica pura. Los Realistas sintieron la necesidad y la abastecieron, aunque de la manera más miserable, cultivando la idea de vacíos y engrillados “hombres prácticos.” La mayoría de los estudiantes de colegio son ejemplos de esta dirección triste de sucesos. Entrenados de la manera más óptima, ellos entrenan; perforados, ellos continúan perforando. Cada educación, sin embargo, debe ser personal y surgir del conocimiento, debe guardar continuamente la esencia de conocimiento en la mente, específicamente esto, que debe nunca ser una posesión, sino el ego en sí mismo. En una palabra, no es el conocimiento lo que debe enseñarse, sino más bien, cómo el individuo debería llegar a ser persona; la pedagogía no debería proceder hacia civilizar, sino hacia el desarrollo de hombres libres, caracteres soberanos; y por lo tanto, la voluntad que hasta este tiempo se ha tan fuertemente suprimido, no puede más debilitarse. ¿Si no debilitan la voluntad hacia el conocimiento, entonces por qué debilitan la voluntad hacia la voluntad? Después de todo, nosotros no impedimos la búsqueda del hombre para con el conocimiento; ¿por qué debemos intimidar su libre albedrío? Si nosotros nutrimos los anteriores, por lo mismo deberíamos nutrir el posterior también.

El gusto por la obstinación y la indisciplina en el niño tienen tanto derecho como la curiosidad. El posterior está siendo estimulado; igual se ha de fortalecer naturalmente la voluntad, la oposición. Si un niño no aprehende la autoconciencia de su personalidad, entonces simplemente no aprende lo que es más importante. Ellos no suprimen su orgullo o su franqueza. Mi libertad propia está a salvo de sus espíritus silvestres. Si el enorgullecerse deriva en despecho, entonces el niño me acerca con la violencia; Yo no tengo que aguantar esto en tanto que Yo soy tan libre como el niño. ¿Debo defenderme Yo sin embargo contra él usando el conveniente instrumento de la autoridad? De ninguna manera, Yo me opongo a él con la fortaleza de mi libertad propia; así el desafío del niño se romperá por sí mismo. Quienquiera ser una persona completa no necesita ser una autoridad. Y si la franqueza se torna en insolencia, entonces pierde su vigor en la fortaleza tierna de una esposa real, en su linea maternal o en la consistencia del esposo; es muy débil quien debe llamar a la autoridad en su ayuda y agravia si piensa que con ello mejora el impudente tan pronto como él lo hace miedoso. Promocionar el temor y la reverencia; eso son cosas que pertenecen al muerto período del Rococó.

¿De qué nos quejamos entonces cuando participamos en la observación de las deficiencias de nuestra educación, de la escuela de hoy? Sobre el hecho que nuestras escuelas todavía se sitúen sobre el viejo principio, el de – menos conocimiento. El nuevo principio es el de la voluntad como la glorificación del conocimiento. Por lo tanto ningún “Concordato entre la escuela y vida,” sino que la escuela debe ser vida y allí, fuera de ello, la personalidad – la revelación del individuo es la tarea. La educación universal de escuela está ser una educación para la libertad, no para la servidumbre: para ser libre, que es la vida cierta. El conocimiento de la ausencia de vitalidad del Humanismo debería haber forzado al Realismo a este conocimiento. Mientras tanto, uno llegó a ser consciente en la humanista educación única de la carencia de cualquier capacidad para llamada práctica (burgués no personal) la vida y volvió en la oposición contra que educación simplemente formal a una educación material, en la creencia que comunicando que material que es útil en el intercambio social uno sobrepasaría no solamente formalismo, pero igualaría satisfacería el requerimiento más alto. Pero educación práctica pareja todavía posiciones lejos detrás la personales y libres, y da la anterior la habilidad para pelear mediante la vida, así la posterior provee la fortaleza para golpear la chispa de vida fuera de uno mismo; si el anterior prepara a encontrar uno mismo al hogar en un mundo determinado, tan el posterior enseña a estar al hogar con uno mismo. Nosotros no somos aún todo cuando nosotros movimiento tan los miembros útiles de sociedad; nosotros somos mucho más capaces de perfeccionar esta único si nosotros somos gente libre, la personalidad – creando (crear nosotros mismos) la gente.

Ahora si la idea y el impulso de veces modernas es el albedrío libre, entonces pedagogía debe revolotear en la frente como el comenzar y el fin de la educación de la personalidad libre. Los humanistas, como realistas, todavía limitan sí mismos al conocimiento, y a la mayoría, ellos miran liberar pensamiento y nos hacer en pensadores libres por la liberación teórica. Mediante el conocimiento, sin embargo, nosotros llegar a ser únicos internamente liberar, (una libertad, que nunca nuevamente sea abandonada); exteriormente, con toda la libertad de conciencia y libertad de pensamiento, nosotros podemos permanecer los esclavos y permanecen en la supeditación. Y desde luego, la libertad externa está para el conocimiento simplemente que que la interior y cierto, la libertad moral, está para la voluntad.

En esta educación universal, por lo tanto, porque la baja y más alta encontrar junto en lo, nosotros venimos sobre la igualdad cierta de todos por primera vez, la igualdad de gente libre: la libertad única es la igualdad.

Una de lata, si uno quiere que un nombre, ponga los moralistas arriba los humanistas y realistas desde su meta final es la educación moral. Entonces, para ser seguro, el protesto viene inmediatamente que nuevamente ellos querrán nos educar para adherir a leyes positivas de moralidad y básicamente, que esto ha tenido lugar ya hasta el tiempo actual. Porque ha sucedido ya hasta ahora, por lo tanto Yo no soy de esa opinión, y que Yo quiero que la fortaleza de oposición sea despertada y la personalidad – no para que sea quebrada, sino que para que sea transformada, que puede aclarar la diferencia suficientemente. En la orden todavía para diferenciar el reclamo que es el conjunto adelante aquí desde los mejores esfuerzos de los realistas, tal uno, por ejemplo, como se expresa en el recientemente publicado programa de Diesterweg sobre la página 36: “En la carencia de educación para el carácter yace el abatimiento de nuestras escuelas, como el abatimiento de nuestra educación total. Nosotros no inculcamos ningunas convicciones,” Yo más bien digo, nosotros necesitamos de ahora en adelante una educación personal (no el impresionar de convicciones). Si uno quiera llamar nuevamente a quien sigue este principio -istas, entonces, en mi opinión, los puede llamar personalistas.

Por lo tanto, volviendo a Heinsius una vez más, el “deseo enérgico de la nación, que la escuela pueda más estrechamente aliarse con la vida”, únicamente se cumplirá si uno encuentra la vida en la personalidad verdadera, la independencia y libertad completa; quienquiera que se afane hacia esta meta no abandona nada de lo bueno del Humanismo ni del Realismo, sino que los alza ambos infinitamente más altos y los ennoblece. Igualmente el punto de vista nacional de Heinsius sobre la justicia todavía no puede loarse como el más justo, en tanto que es única la perspectiva personal. Unicamente el hombre libre y personal es un buen ciudadano (Realista), y aun con la carencia de particular cultura (erudito, artístico, etc), un juez elegante (Humanista).

Si, en conclusión, tuviera que expresar en unas palabras el objetivo hacia el que nuestra época tiene que ser dirigida, entonces indicariamos en resumen el necesario declinar de la educación [25] sin voluntad y el alba de la personalidad con asegurada voluntad de autoperfección en la luz del sol gloriosa de la persona libre, que puede expresarse como se indica a continuación: el conocimiento debe morir y renacer nuevamente como voluntad que se creará a sí misma nuevamente cada día como persona libre.

Max Stirner, 1842

(Notas del traductor)

Notas

[1] Otto Friedrich Theodor Heinsius (1770-1849), filólogo, profesor, y último director del Couvent-Gris en Berlín, autor de varias gramáticas y diccionarios, así como textos de historia de la literatura alemana.

[2] Wilhelm-Traugott Krug (1770-1842), filósofo liberal alemán y figura literaria que alcanzó gran popularidad, sucedió a Immanuel Kant en Königsberg en 1805, y ejerció como profesor de filosofía en Leipzig de 1809 a 1834. Krug abandonó su carrera académica para luchar contra Napoleon en 1813, y posteriormente será presidente del Tugendbund.

[3] “Konkordat zwischen Schule und Leben, oder Vermittelung des Humanismus und Realismus, aus nationalistische Standpunkt betrachtet” (“Concordato entre la escuela y la vida o la mediación entre el Humanismo y el Realismo, considerado desde un punto de vista nacional”), publicado por el editor Schultze en Berlín en 1842. También es representativo otro ensayo de Theodor Heinsius, “Zeitgemäße Pädagogik der Schule: historisch und kritisch aufgefaßt für das gesammte Schulpublikum”, publicado en Berlín en 1844.

[4] Se refiere a la Reforma protestante centroeuropea del siglo XVI.

[5] Se refiere a la Revolución francesa (1789-1795).

[6] El término “Bildung” se refiere tanto al significado cultural del concepto como a las implicaciones pedagógico-sociales de su desarrollo.

[7] El autor usa aquí el término “Verstand”, cuyas implicaciones gnoseológicas y pedagógicas resultan evidentes: lo he traducido como “reflexionar” para distinguirlo del término “Verstaendnis” (“comprensión”) y del término “Kenntnis” (“conocimiento”).

[8] “Geschichte des brandenburgisch-preussischen Staates. Ein Buch für Jedermann” (“Historia de los estados prusianos de Brandenburgo. Un libro para todos”) fue publicado en 1842. El autor, A. Zimmermann, es una figura muy desconocida. Contemporáneamente lo confundieron erróneamente con Wilhelm Zimmermann (1807-1878), escritor prolífico y popular en las décadas de 1840 y 1850.

[9] “Aufzuheben”, reclama esplícitamente la figura de la superación dialéctica hegeliana.

[10] “Priesterstand” y “Laienstand”, literalmente “sacerdocio” y “laicismo”, noviciado.

[11] “rücksichtslosen” en el original, opuesto de “contemplativo”.

[12] “praktische Menschen” en el original.

[13] “Industrieller” en el original, “industriosos”, referido a una vida dedicada a la producción y consumo de bienes.

[14] Karl Ferdinand Becker (1775-1849), gramático alemán. Su Deutsche Grammatik fue publicada en 1829, su “Organismus der deutschen Sprache” tuvo una segunda edición en 1841.

[15] El autor usa el término “Nation” en un sentido más cultural que “nacional”.

[16] Cita del “Fausto” de Goethe, muy familiar a generaciones de estudiantes alemanes.

[17] “Zeitlichkeit” en el original, en su dimensión temporal ligada al lenguaje fenomenológico.

[18] “Drang” en el original.

[19] “Acsheltraegerei” en el original, “que lleva tirantes”.

[20] Friedrich Adolf Wilhelm Diesterweg (1790-1863), filólogo alemán y crítico educativo, director de una academia para profesores en Berlin en 1832. Atacó el control del sistema educativo por parte del Estado y la Iglesia, siguiendo las ideas del reformador educativo suizo Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827).

[21] En relación con el “Positivismo” como corriente.

[22] “verstaendige Leute” contrario a “vernuenftige Menschen”.

[23] “Versuch einer vollständigen Thierseelenkunde” por Peter Scheitlin, publicado en Stuttgart y Tübingen en 1840.

[24] Ciencia del Alma Animal

[25] O “ciencia”.