Alfredo López Arencibia, libertario cubano

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Entre los organizadores sindicales que ha tenido Cuba durante su larga historia proletaria, se destaca Alfredo López Arencibia, quien llegó a convertirse en la figura más relevante del movimiento obrero cubano de l915 a l926, sobresaliendo por su valor, capacidad organizativa y dedicación al fortalecimiento de la clase obrera. Ningún otro líder proletario u orientador sindicalista alcanzó el reconocimiento y la importancia que tuvo López entre la clase obrera cubana.

Nació el 10 de agosto de l894 en Sagua la Grande, en el seno de una familia pobre. Perteneció a la primera generación republicana de cubanos que sobrevivió los horrores de la guerra de l895 y la consiguiente “Reconcentración” de que fueron víctimas las familias más humildes de Cuba durante el colonialismo español. Su educación fue limitada al verse obligado a trabajar desde muy temprana edad. En l908 se traslada a la ciudad de Camagüey donde trabajó en la imprenta de Rogelio Zayas Bazán, quien, irónicamente, años más tarde sería uno de sus verdugos. En l910 viaja a La Habana donde aprende el oficio de linotipista en la imprenta La Mercantil, junto al que sería su amigo, compañero de luchas e ideas, Antonio Penichet.

López, fue autodidacta como casi todos los ácratas de su época. Dentro del gremio de linotipistas conoce a Pablo Guerra y Rafael Serra, quienes fueron sus orientadores anarquistas por esos años y, luego, compañeros en diferentes congresos obreros.  Convertido en militante sindical, ya en l913, forma parte de la directiva de la recién fundada Asociación de Tipógrafos en General (ATG) y participa en la elaboración de la publicación anarquista Memorandum Tipográfico fundada en el siglo XIX. En l915 la orientación de la ATG está a cargo de Penichet y López es nombrado como secretario del Interior, distinguiéndose por su enérgica protesta ante la expulsión de los trabajadores españoles que organizaban a los obreros azucareros, así como, por el secuestro del periódico anarquista ¡Tierra!. Al estallar la huelga de tipógrafos en l916 es encarcelado. La situación social de aquellos años fue la peor de Cuba en toda su historia, lo que llevó a López a asumir la responsabilidad como organizador sindical.

En l918, Alfredo López es uno de los organizadores en el Comité Pro Primero de Mayo, conmemorándose oficialmente esa fecha en Cuba a partir de ese año. Por esos días, se creó extraoficialmente un Comité Circunstancial, del que López forma parte, dedicándose activamente a apoyar cualquier huelga o disputa obrera que se presentara. A finales de ese año, participa en dos huelgas generales que se producen en Cuba. En marzo de l9l9, colabora en la organización de otra huelga general. En ese mismo año y definiéndose abiertamente anarcosindicalista, se integra a la Asociación de Escritores Obreros a la que también pertenecen Marcelo Salinas, Penichet y Serra.

López es uno de los que protesta tomando las calles en las llamadas “manifestaciones de hambre”, y se une aguerrido a la manifestación durante el sepelio del obrero Luis Díaz Blanco, asesinado por la policía. En diciembre de 1919 es elegido como responsable de la ATG, desde donde expresa la solidaridad de ese sindicato con la revolución bolchevique que había tenido lugar en Rusia.

En 1920, como orientador anarcosindicalista, coordina otra huelga de tipógrafos, destacándose también su participación en el Congreso Obrero celebrado en abril de ese mismo año. Con motivo del Primero de Mayo, se produce otra huelga en la que López juega un papel importante, lo que llevó a su encarcelación. En el mes de noviembre participa en la planeación para la fundación de la Federación Obrera de la Habana, cuyo propósito era organizar y orientar a los distintos sindicatos habaneros, logrando sus objetivos un año después, en l921, convirtiéndose así en el principal orientador de esa Federación.

En el octavo aniversario de la ATG, López insiste, por segunda y última vez, en extender la solidaridad a los revolucionarios rusos. Tanto los socialistas como los anarcosindicalistas españoles que participaron en el Congreso de la III Internacional celebrada en Moscú, trajeron noticias a la Isla sobre los cambios autoritarios en la Rusia de Lenin, con el establecimiento de la “dictadura del proletariado” y, sobre la feroz persecución de los anarquistas rusos en los soviets de Petrogrado y durante los funerales de Kropotkin. En 1922, esta represión repercutió en Cuba generando la crítica de los anarcosindicalistas al régimen totalitario de Lenin y Trotsky.

En l923, López orienta el Primer Congreso de la Federación Obrera de La Habana (FOH) y, desde su posición anarcosindicalista, intenta transformar las asociaciones y gremios en verdaderos sindicatos militantes y hacer realidad el viejo sueño anarquista de organizar y unir a los obreros del campo y la ciudad. Alfredo López, se solidarizó con la constitución del Sindicato General de Obreros de Oriente. Ese año, también preside la comisión que se dirige a la Universidad para ofrecer su solidaridad a los estudiantes en favor de la autonomía universitaria. En dicho acto, participa como orador Rafael Serra, activo anarquista afrocubano, compañero de López, Guerra y Penichet.

En l924, López se encuentra envuelto en todas y cada una de las huelgas que se producen en La Habana. En el Primer Congreso de La Habana, plantea crear una Confederación Obrera en la Isla. El resultado es el llamado Segundo Congreso Nacional Obrero celebrado en la ciudad de Cienfuegos, en febrero de 1925, seguido por la conmemoración del Primero de Mayo, donde hace uso de la palabra Julio Antonio Mella, compañero de López desde la fundación de la Universidad Popular José Martí y activo dirigente estudiantil, estrechándose la amistad entre ambos combatientes. Ese mismo año, su antiguo empleador Zayas Bazán, ahora Secretario en el gobierno del dictador Machado, trata inútilmente de intimidar y corromper a López, en una visita al Centro Obrero, que termina con el fracaso del enviado gubernamental.

Finalmente, se celebra en Camagüey el III Congreso Obrero, con la participación de sindicatos, hermandades, uniones, gremios y asociaciones obreras, sumando en total 128 colectividades y 160 delegados en representación de más de 200,000 obreros. Vale aclarar que, de los 160 delegados no todos eran anarcosindicalistas, también había representación de los sindicatos reformistas y cuatro de procedencia marxista-leninista, todos del giro tabacalero. En su afán de unir en una sola Confederación a la mayoría del proletariado en Cuba, López, que nunca fue un anarcosindicalista sectario y de acuerdo con los principios que sostenía, fue capaz de reunir por primera vez a la mayoría de la representación obrera; estos esfuerzos unitarios fueron criticados por algunos anarquistas puristas, pero López estaba más interesado en lo que se decidiera en el Congreso de Camagüey que en posiciones conflictivas y ortodoxas, así como en la nomenclatura de esta organización. Esta postura antidogmática y unificadora de López, ha sido utilizada malintencionadamente por la historiografía castrista, de corte estalinista y sectaria, afirmando que Alfredo López estaba en “transición hacia el marxismo” y de acuerdo con el Estado totalitario imperante en la Rusia “revolucionaria“.

Finalmente, se funda la Confederación Nacional Obrera de Cuba, de clara postura anarcosindicalista en sus acuerdos, lo que sitúa a López como su más destacado orientador. Este Congreso estuvo fuertemente influido por las ideas anarcosindicalistas que sin duda predominaban, si no eran hegemónicas, en el pensamiento de sus participantes. La letra, las consignas, las disposiciones, las proposiciones, tácticas y principios, en fin, todo lo acordado, de forma y de fondo, era anarcosindicalista.  Entre estos acuerdos destaca el principio antipoliticista, el llamado a la lucha de clases, el boicot, la acción directa y la negación a adherirse a la III Internacional de Moscú y sus 21 puntos. La fundación de la primera Confederación Obrera de Cuba no fue un trabajo único de López, sin embargo, hay que reconocer el papel determinante que jugó en su planeación y desarrollo, así como su importante participación como orador y orientador.

El asesinato del destacado orientador anarcosindicalista del sector ferroviario, Enrique Varona, en septiembre de ese año, provocó la protesta enérgica de la Confederación, lo que unido a la violencia desatada por la clase obrera, dirige todo el odio de la dictadura de Machado hacia López, siendo encarcelado con otros orientadores obreros junto a Julio Antonio Mella, quien también protesta con una huelga de hambre en presidio.

En enero, Alfredo López es puesto en libertad y se dedica a reorganizar el sindicato fabril junto a Margarito Iglesias, continúa su protesta contra los métodos represivos de Machado con motivo del Primero de Mayo y es nuevamente encarcelado y amenazado de muerte si no pacta con el gobierno. López, que era un hombre valiente y de principios ignora las amenazas y sigue con su labor de tipógrafo de noche y como orientador obrero durante el día, sin tomar medidas de seguridad ante las amenazas, continuó viajando solo y en tranvía. Esta actitud valiente es precisamente lo que le da ventaja a sus victimarios que, el 20 de julio de l926, lo asesinan por la espalda por órdenes directas del presidente Machado, cuando López iba a cumplir 32 años de edad.

El 24 de agosto de l933, después de caer la dictadura de Machado, fueron encontrados sus restos en las faldas del Castillo de Atarés y, según la autopsia que se le practicó, fue herido de muerte con un golpe en la cabeza, perpetrado por la espalda con una barra de hierro, rematado con dos pedruzcos y luego enterrado. Así terminó sus días Alfredo López Arencibia, el orientador obrero más notable de la historia proletaria cubana.

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