Siglo XXI nº 10

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Algún día, más que hablar de la Memoria Histórica, hablaremos de la Historia de la Desmemoria, porque estos tiempos infaustos se caracterizan por eso, por la desmemoria. Celebramos el Primero de Mayo, día de la clase trabajadora, y lo hacemos con indiferencia como si no fuera con nosotras. Obviamos que los logros que todavía gozamos se han gestado hace mucho tiempo, en base al sacrificio de personas, mujeres y hombres, que convencidos de sus derechos inalienables dieron sus vidas por ellos, dejándonos un legado que ni agradecemos ni preservamos.

El Primero de Mayo representa un esfuerzo magno de una clase obrera de otros tiempos dispuesta a todo por mejorar sus relaciones de dominación y ofrecer a las generaciones futuras una base sólida a partir de la cual construir una sociedad más justa. Alienados por la ideología dominante, menospreciamos la sangre de los caídos y sus sueños, sobre todo sus sueños, que deberían ser los nuestros.
La historia del Primero de Mayo es la historia de los denominados Mártires de Chicago. Los sucesos que celebramos en este día, datan de los años 80 del siglo XIX. En esa época la Federation of Organized Trade and Labour Union de EEUU luchaba frenéticamente por la consecución de la jornada de ocho horas. En l886, el Presidente del país, Andrew Johnson, promulgó la ley Ingersoll que establecía ocho horas de trabajo, esta no entró en vigor. Así las cosas, las organizaciones obreras decidieron declarar una Huelga General en EEUU a partir del primero de mayo de 1886. Hay que recordar que entonces se trabajaba entre 12 y catorce horas (vamos por ese camino), tanto hombres como mujeres y niños, y ello a cambio de sueldos miserables.
El punto neurálgico de la huelga estaba en Chicago, una gran ciudad industrial y con un movimiento obrero muy activo. El primer día de conflicto la ciudad quedó paralizada. A pesar de ello industrias relevantes como la Mc Cormick contrataron esquiroles para romper la huelga. Cuando los huelguistas se concentraron ante esta empresa la policía intervino de manera feroz e indiscriminada, provocando numerosos muertos y heridos.
Tras una concentración en la plaza de Haymarket para protestar por los sucesos antes citados y cuando los oradores casi habían terminado sus alocuciones, la policía hizo su aparición; en ese momento explotó una bomba entre ellos matando a un agente. A continuación se produjo un auténtico baño de sangre. La policía abrió fuego, matando e hiriendo a numerosas personas congregadas pacíficamente. […]

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